Así eran los muebles sexuales del pasado. Estaban más enfermos que nosotros


Catalina II siempre será recordada por haber logrado expandir y modernizar el Imperio de Rusia durante su reinado, mismo que duró entre los años 1762 y 1796, y es que todos estos años que duró en el poder le hicieron ganarse el sobrenombre de “Catalina la Grande”. Pero su figura también será recordada por la gran cantidad de amantes que tenía y por tener un apetito sexual sin límites. 



Sofía Federica Augusta de Anhalt-Zerbst nació en Polonia y obtuvo el trono de Rusia gracias a la ambición de sus padres, durante toda su vida estuvo predestinada a ser una mujer de poder, pero nunca se imaginó el convertirse en una de las mujeres más influyentes de la historia. En el año 1745 finalmente se casó con el heredero al trono de Rusia, el duque Pedro, pero este no podía satisfacer las necesidades sexuales de Catalina, así que le permitió sostener relaciones con otros hombres. 


Tras la muerte de la emperatriz Pedro y Catalina pasaron a ser zares de Rusia y tan solo unos meses después Pedro fue asesinado debido a su política con Prusia. En su momento muchos acusaron a Catalina de haber planeado el asesinato, pero eso no impidió que ella ocupara el trono durante muchos años. 


Catalina tenía extrañas y muy polémicas costumbres sexuales. 

Ella vivía rodeada de sus amantes. Mantenía relaciones sexuales con ellos y cuando ya no los quería les daba un importante puesto dentro de la nobleza, además de obsequiarles tierras y un buen número de esclavos. 

Se dice que fue la ninfómana más grande de todos los tiempos, de acuerdo a diferentes historiadores, Catalina requería los favores de sus esclavos hasta 6 veces al día, por lo que contaba con 21 hombres a su entera disposición. Cientos de hombres a lo largo de su vida pasaron por su recámara. 


Sin embargo, lo más escalofriante sobre su vida es que muchos aseguran que murió mientras estaba teniendo relaciones sexuales con un caballo, que incluso inventó una especie de cinturón para ser penetrada más fácilmente por el animal. 

Pero versiones oficiales sostienen que murió víctima de un paro cardíaco mientras se bañaba en el año 1796.


Sin duda  se trataba de una persona con gustos muy diferentes, a tal grado que ordenó construir la llamada “habitación erótica”. 

Las paredes de este cuarto estaban decoradas con un gran número de penes de madera de diferentes formas, mientras que las sillas, escritorios y pantallas estaban dotados de formas y figuras humanas realizando el acto sexual. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de soldados soviéticos entraron a dicha habitación, incluso se rumora que Catalina esperaba lograba sus orgasmos en una silla de madera nicaragüense. 


La habitación causó tal impacto entre los soldados que decidieron tomar algunas fotos, lamentablemente la mayoría de las imágenes se perdieron durante la guerra. Pero las que se pudieron recuperar permitieron a los historiadores confirmar la existencia del lugar. 

Finalmente, el artista Dominique Roitel ha señalado en repeteidas ocasiones que estos fueron los muebles sexuales del pasado, simbolizan toda la represión que había en aquel entonces respecto de este tema. Además ha logrado reconstruir algunas de las piezas a partir de las fotografías que se conservaron. 



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